Hoy pasé por el Blockbuster de la calle 95 como con 13 y ví un llamativo de letrero de “Películas desde $8.900”, sobre una góndola de películas, pensé que era una buena oferta y entré, como habría de esperarse eran películas viejas, algunas no muy populares, eso sí, todas en una presentación lamentable, con la misma etiqueta mal impresa de las piratas, pero aparentemente especial por ser legal, así como el presidente cree que la minería legal es mágica y no destruye el ambiente como la ilegal. Después de mirarlas todas y ver que algunas tenían precios y otras no (Avatar está a $49.000 en edición apenas-mejor-que pirata) encontré las dos primeras películas de Duro de Matar, clásicos de acción que siempre me gusta ver, como no tenían ninguna etiqueta asumí que esta sería una de esas películas de $8.900 (5 dólares), pues no. Voy contento a la caja a preguntar por si acaso cuánto vale y me dicen que vale $45.000, digo que estaba en la góndola de películas a $8.900 y no tenía precio, me dice la señorita que algunas películas están en $8.900, y dado que había muchas sin precio debe ser cosa de adivinar cuál vale eso y cual vale 5 veces más no quise quedarme a averiguar, invierto mi precognición mejor en otras cosas como la lotería. Y así termina una simple historia de como Blockbuster pierde otra venta por ser truculentos y maliciosos con algo tan sencillo como una canasta de películas con descuento, que en cualquier otro sitio como en el Exito, Carrefour o Entertaintment Store (antiguos Tower Records) se encuentra correctamente señalizado y uno sabe que lo que hay dentro de la canasta tiene el precio que dice el anuncio, de razón que van camino al fondo más rápido que Hans Gruber.
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